No todo lo que ocupa la mente la alimenta.
El contenido que no termina convierte los momentos vacíos en una secuencia de estímulos. El problema no es una pantalla ni un vídeo aislado: es dejar de elegir cuándo empieza y cuándo acaba la atención.
Nombrar el patrón permite interrumpirlo.
Entender la podredumbre mental